Diversidades sexuales

Hacia una cartografía botánica de la ciudad de La Paz

Medioambiente

29 de noviembre de 2023

Marco Arnez y Violeta Montellano

En el mes de octubre de 2023, se llevó a cabo el laboratorio experimental de cianotipia Hacia una cartografía botánica de la ciudad de La Paz, con el objetivo de re-conocer la urbe en clave botánica y construir colectivamente miradas alternativas sobre la ciudad, a través de cianotipos. Durante siete sesiones, combinamos el proceso creativo con la reflexión, a través de talleres prácticos de cianotipia, un recorrido botánico guiado y conversatorios abiertos que abordaron las transformaciones en la composición botánica de la ciudad y las potencialidades de la técnica para el conocimiento del paisaje.

¿Por qué se nos hace necesario renovar la mirada sobre la ciudad de La Paz desde una clave botánica? Conocida como una ciudad andina, nuestra urbe es comúnmente imaginada como un paisaje alto, seco y frío, ocupado por el ladrillo y desprovisto de una biodiversidad considerable. Pero esta imagen estereotipada, consecuencia de una mirada imperial originada hace algunos siglos, parece habernos educado la mirada para invisibilizar ciertas especies o considerarlas maleza, frente a otras especies mayormente valoradas y asociadas con la exuberancia o la tropicalidad.

Para este cometido, la técnica de la cianotipia resulta óptima pues permite devolvernos la integralidad de la imagen, a partir del trabajo con la materialidad y el paisaje. Por otro lado, se nos hace necesario iniciar un proceso de cartografía, entendiéndola como una renovación de imágenes de la urbe que, en términos relacionales y subjetivos, nos permitan imaginar futuros que contemplen nuevos encuentros humano-vegetales. Con estos elementos, el Laboratorio reunió un grupo de personas provenientes de la ciencia y el arte, propiciando un diálogo y un proceso creativo experimental, en el que el ensayo y error fueron maestros de una técnica cuyas posibilidades son infinitas.

Por otro lado, se nos hace necesario iniciar un proceso de cartografía, entendiéndola como una renovación de imágenes de la urbe que, en términos relacionales y subjetivos, nos permitan imaginar futuros que contemplen nuevos encuentros humano-vegetales. Con estos elementos, el laboratorio reunió un grupo de personas provenientes de la ciencia y el arte, propiciando el diálogo y un proceso creativo experimental, en el que el ensayo y error fueron maestros de una técnica cuyas posibilidades son infinitas.

Composición botánica del paisaje paceño

La historia geológica del Valle de La Paz, es una historia cargada de diversos eventos naturales que continúan desarrollándose de manera dinámica. Producto del hundimiento geológico a fines del terciario, el valle está rodeado al este por la Cordillera Real y al oeste por el Altiplano. Su fisiografía de empinadas laderas se combina con inmensos badlands, producto de una catástrofe holocénica (Ribera, 2023). Con casi tres kilómetros de gradiente altitudinal, el valle goza de una gran diversidad de ecosistemas y paisajes, que otorgan un potencial para plantar, conservar y manejar diversas especies, cualidad que suele ser subestimada.

Hipotéticamente, es posible imaginar que el medio natural original del Valle conglomeró diversos tipos de bosquetes arbustivos, matorrales altos densos y montes espinosos. La cobertura vegetal del valle fue perdiéndose en diferentes momentos de la historia por la extracción de leña para fines domésticos y elaboración de carbón, así como el avance de fronteras agrícolas y pecuarias y la expansión urbana, entre otros aspectos, disminuyendo la presencia de Queñua (Polylepis pacencis), Kiswara (Buddleja coriácea) o formaciones arbustivas de Tholas (Baccharis spp.) entre otras (Ribera, 2023).

En La Paz se distribuyen dos ecoregiones características de los Andes Centrales: la ecoregión de la Puna que se distribuye por encima de los 3500 msnm. y la ecoregión de los Valles Secos que se encuentra por debajo de los 3500 msnm. En la puna solemos encontrar Queñuas, Kiswaras, o Chachacoma (Escallonia myrtilloides, Escallonia resinosa) y en el valle seco interandino: Molles (Schinus areira), Churqui o Tusca (Vachellia aroma), Algarrobos o T’aqos (Prosopis flexuosa, Prosopis alba), Sauce Criollo (Saliz humboltdianaI), Karalahua (Nicotiana glaucaI o Warijo (Tecoma fulva) (Rodríguez, 2009). Por otro lado, además de la actual presencia de especies introducidas como el Eucaliptos (Eucalytus spp), Pinos (Pinus spp) y Acacias (Acacias spp), la diversidad de ecosistemas de La Paz ha permitido la adaptación de Tajibos, Ceibos, e incluso Plátanos.  La cartografía botánica de este laboratorio ha perseguido conocer la actual composición vegetal de La Paz, reflexionando sobre el origen de los cambios intencionales sobre el mundo vegetal y sus consecuencias, sin limitar el trabajo de la cianotipia únicamente con plantas nativas.

Fotografía: Molle de Mario Vargas

Arrancamos el laboratorio con algunas reflexiones sobre la “colonización botánica”, proceso que, desde el siglo XVI, fue central para el surgimiento del antropoceno y la reconfiguración de las relaciones entre humanos, plantas y lugares (Mastnak, Elyachar y Boellstorff, 2014). Reconocimos que la distinción entre plantas nativas y no nativas, es un campo discursivo que fue construido durante la expansión colonial e implicó un tráfico transoceánico de plantas.

Mientras que las colonias fueron ocupadas por plantas colonizadoras por su productividad, las plantas nativas fueron desplantadas y trasladadas a jardines botánicos en Europa y colonias europeas, donde se coleccionaban especies exóticas para fines científicos, estéticos e ideológicos. La empresa imperial implicó la identificación de plantas según su utilidad para el mercado, valorando su crecimiento rápido y la demanda global. Por otra parte, un modelo de urbanidad comenzó a consolidarse, estableciendo un ordenamiento específico del mundo vegetal para la convivencia con la “civilización”, cuestión que podemos observar hasta la actualidad en el intento de ordenamiento de nuestra ciudad. De esta manera, la colonización redibujó las relaciones entre plantas, personas y paisajes, dejando resabios coloniales internalizados en nuestra propia mirada hasta el presente. Por ejemplo, en nuestra valoración de plantas productivas y ornamentales en contraposición a las que consideramos “maleza”, que precisamente suelen ser especies nativas, o en el ordenamiento urbano que establece espacios específicos para la presencia del mundo vegetal en la ciudad.

Aquellos modelos de relacionamiento humano-vegetal se universalizaron al igual que la categorización del mundo vegetal a nivel global. En el siglo XVIII, el Sistema de la Naturaleza fue planteado por Carl Linneo, como un sistema de clasificación para categorizar todas las formas vegetales del planeta bajo una misma nomenclatura normalizada en latín. Con este sistema se inició una gran campaña de clasificación a nivel planetario, en la que cada especie era sacada de su entorno particular y era situada dentro del sistema con su nuevo nombre europeo y escrito.

Si originalmente los sistemas de clasificación estuvieron relacionados con la empresa imperial, nos preguntamos cómo entender la labor actual de clasificación botánica en Bolivia. En este sentido, la directora del Herbario Nacional de Bolivia (HNB), Carla Maldonado, compartió con nosotros la labor que desarrolla la institución que dirige a partir de su propia relación con las plantas, específicamente con aquella en la que se concentró para desarrollar la investigación de su tesis de doctorado: la quina. Nuestras reflexiones previas nos dieron un contexto para comprender el valor que la quinina fue adquiriendo desde el siglo XVII debido a sus propiedades para la cura de la malaria, cuestión que se rememora localmente como la “fiebre de la quina” y que implicó la desaparición de bosques y su traslado hacia Europa como una especie que fue rentable incluso más que el oro. Por otra parte, pese a la crítica sobre la universalización de los sistemas de clasificación, la directora del HNB nos explicó la importancia de la clasificación al momento de identificar con claridad plantas que por su parecido físico tienen un mismo nombre común pero no son las mismas. Con más de 390 mil colecciones científicas el HNB continúa con su labor, empleando un sistema de clasificación que está en constante movimiento.

Marco Octavio Ribera Arismendi, biólogo transdisciplinario, nos invitó a imaginar la transformación del Valle de La Paz en un tiempo más largo, que se remonta a miles e incluso millones de años, cuando la cordillera comenzó a elevarse produciendo el hundimiento del altiplano y la formación inicial de La Paz. Junto a la glaciación y los posteriores procesos de derretimiento de glaciares, animales y plantas habitaron de forma dinámica el paisaje. Esta movilidad de las especies a partir de los grandes cambios geológicos expresa el carácter móvil del paisaje y la versatilidad de la geografía y clima paceños. Al finalizar, compartió una aproximación a la toponimia cultural del Valle de La Paz a partir de una taxonomía biocultural que nos otorga claves para cartografiar nuestro paisaje desde la lengua aymara, con base en la presencia de determinadas especies en determinados lugares de la ciudad.  Achumani es el lugar de las Achumas, Chicani de la Ch’illca, Kantutani de las kantutas, Munaypata de las muñas, Chijini de los chijis, Següencoma de las sehuencas, así como otros actuales barrios de la ciudad refieren a animales o particularidades geológicas. Una puerta para el trabajo interdisciplinario se abre con esta aproximación.

El biólogo tropical Donovan Osorio, nos adelantó pistas para reaprender a mirar el paisaje paceño concentrándonos en los árboles y una sesión después, pudimos incorporar estas pistas en una caminata botánica guiada por él. Con Donovan Osorio comenzamos a comprender en qué consiste la biodiversidad realmente, cuestión que puede medirse dependiendo de la variedad y variabilidad de especies, dependiendo de la escala a la que nos refiramos. Si bien La Paz cuenta con una gran riqueza de especies su diversidad es baja. El biólogo compartió con nosotros una selección de árboles nativos, pero también de especies que se adaptaron curiosamente al Valle de La Paz.  Comenzamos a comprender entonces, que la valoración de las especies no puede basarse únicamente en su origen, sino en sus funciones ecológicas.

Aprender a mirar y re-conocernos: caminar guiadxs por la botánica

La tercera sesión del Laboratorio consistió en una caminata por el Sendero del Águila, bajo la guía del biólogo Donovan Osorio. Nos concentramos a las 9:00 de la mañana en la Plaza Humbolt, habitada por árboles de olivo, una de las primeras presencias sorprendentes que reconocimos en nuestra ruta. Luego atravesamos algunas calles de Calacoto y La Florida donde encontramos especies foráneas de árboles adaptados al clima paceño, incluyendo por ejemplo un plátano.

Si bien el hallazgo de especies como las anteriores nos sorprendió, la recurrencia de ciertas especies introducidas como la Acacia, al ser sembradas sin una planificación integral, impide el desarrollo óptimo de especies nativas que cumplen una función ecológica importante en el valle. Por eso es necesario tomar en cuenta la dimensión de la copa del árbol sembrado para sembrar otro a su lado con el espacio necesario y así, crear barreras de aspecto boscoso.

En la caminata por el Sendero del Águila, Donovan nos presentó especies de árboles nativos que son bioindicadores. Su cultivo incrementa la biodiversidad, mejora los suelos y permite ahorrar agua, entre otros aspectos. Por ejemplo, la Chacatea, la Chachacoma, la Karalawa o el Sauce Criollo.

La caminata nos abrió los ojos a plantas nativas que antes no habíamos reconocido o valorado. Por ejemplo, Karem Mendoza, inició su proceso creativo reconociendo arbustos y árboles nativos que, comúnmente son invisibilizados o englobados como maleza. Las semillas y frutos de estos arbustos y árboles llamaron su atención. De su recolección de semillas y frutos llegó hasta el Algarrobo, especie característica de valles menos altos y que, a su vez, le transportó a la memoria de su abuela para trabajar finalmente en torno a esa relación.

Fotografía: Sendero del Águila de Angélica Quispe

Terminando nuestro recorrido pasamos por uno de los espacios donde Ema Verde cría sus plantines. Mientras los plantines estaban ordenados en filas, fuera del orden y en los márgenes del espacio de almacenamiento, entre el cemento un molle se hacía su propio campo para vivir. En la caminata nos dimos cuenta de que, a diferencia de las especies comúnmente empleadas por el municipio para “reverdecer” la ciudad, las especies nativas son un paisaje subversivo que quiebra el cemento, el orden y la herencia de una estética urbana ornamental, creciendo en los márgenes de la ciudad y por encima.

Esta capacidad de resistencia inspiró a varias personas del grupo. Por ejemplo, Gilberto Rodríguez trabajó la resiliencia en un autoretrato donde cuerpo y plantas se fusionan, mientras Angélica Quispe empleó una radiografía combinada con plantas recolectadas sugiriendo el carácter mortal del cuerpo humano y sus posibilidades de renacimiento cotidiano en analogía con las plantas. Estas analogías humano-vegetales también se reflejaron en el cuerpo vegetal trabajado mediante doble exposición de plantas y texturas textiles por Rossie Miranda. Y finalmente, una suerte de identificación o reconocimiento de la subjetividad de las plantas, se expresó en el trabajo de la artista textil Rocío Chuquimia, quien empleando técnicas mixtas apuntó a la mirada de las plantas hacia nosotrxs humanxs.

Experimentación, prueba y error como metodología

Las sesiones prácticas del Laboratorio otorgaron principios básicos, brindaron materiales y algunas pistas técnicas al grupo, para experimentar con la cianotipia. En la primera sesión arrancamos con una demostración de la exposición de muestras de plantas ya recolectadas sobre láminas emulsionadas, aprovechando las primeras horas de la tarde para que el grupo se familiarice con el procedimiento. Ya en la cuarta sesión, experimentamos con técnicas de emulsionado, doble exposición y difuminado, dando inicio al diseño y desarrollo de las propuestas individuales para la cartografía, a partir de un cianotipo o una serie de cianotipos. Sumados a las reflexiones, estos principios y los materiales puestos al servicio del grupo, desataron la curiosidad y la experimentación, nutriendo de aprendizajes a todo el grupo. Aunque la técnica implica pasos sencillos, está sujeta a una serie de condiciones que impiden contar con reglas cerradas y más bien posibilita el desarrollo de habilidades técnicas basadas en la propia experiencia situada.

La cianotipia es una técnica que posibilita devolver la experiencia corporal con la materialidad y el paisaje, a la imagen. Nuestras posibilidades de exposición a la luz y obtención de resultados óptimos de nuestros cianotipos, estuvieron sujetas no solamente a los ciclos propios de nuestro territorio (tiempo seco/ tiempo de lluvia), si no a los sucesos que más allá de lo local influyen en la salud ambiental de nuestra cotidianidad. En octubre, el último mes previo al inicio del tiempo de lluvias en nuestra región, preveíamos gozar de un cielo despejado, característico de las alturas de nuestra urbe durante el tiempo seco. Pero en La Paz, como seguramente en otras ciudades, pueblos y comunidades de Bolivia, experimentamos una lucha constante entre contaminación local, humos originados por los incendios que desde entonces están consumiendo distintos territorios en Bolivia y lluvias prometedoras y ansiadas. Cuando miramos hacia arriba entonces, podemos tener la certeza de que lo local está conectado con lo regional y global. Una imagen que depende de estas condiciones, entonces, va cobrando un valor distinto a los miles de disparos que podemos realizar digitalmente.

Fotografía: Técnica de cianotipia de Melissa Miranda

En octubre, el último mes previo al inicio del tiempo de lluvias en nuestra región, preveíamos gozar de un cielo despejado, característico de las alturas de nuestra urbe durante el tiempo seco. Pero en La Paz, como seguramente en otras ciudades, pueblos y comunidades de Bolivia, experimentamos una lucha constante entre contaminación local, humos originados por los incendios que desde entonces están consumiendo distintos territorios en Bolivia y lluvias prometedoras y ansiadas. Cuando miramos hacia arriba entonces, podemos tener la certeza de que lo local está conectado con lo regional y global. Una imagen que depende de estas condiciones entonces, va cobrando un valor distinto a los miles de disparos que podemos realizar digitalmente.

Si bien, la cianotipia es una técnica relativamente sencilla, la obtención de resultados mucho más sofisticados y acordes a nuestro diseño, puede desarrollarse con un proceso de sistematización en el que al menos registremos: la fecha, el lugar de exposición y el tiempo de exposición. Sin embargo, el registro de más datos puede llevarnos a una sistematización mucho más profunda, que finalmente será nuestro propio libro de recetas que puede ser más o menos sofisticado.

Uno de los más importantes regalos al grupo lo realizó Melissa Miranda, al compartirnos su método de registro de datos sobre el proceso de trabajo con la cianotipia. Como ingeniera ambiental e ilustradora naturalista, su Diario de naturaleza expresa una práctica pulcra y detallada de registro de datos útiles tanto para la investigación científica como para el aprendizaje artístico. Fecha y hora, lugar y altura de exposición, temperatura, nubosidad, humedad, índice UV, condición de las plantas empleadas (secas o frescas), entre otros aspectos, son parte del registro de su ruta botánica. Al compartirnos su proceso, recalcó la necesidad de perder el miedo a los números, la sistematización y los procedimientos que parecen estar fuera de la práctica artística.

Sobre los soportes, si bien consideramos el empleo de cartulina escolar, papel para acuarela y tela, también contamos con papel cebolla, inicialmente pensado para dibujar diseños a ser cianotipados. Sin embargo, el grupo también lo utilizó como soporte emulsionado y los resultados fueron muy interesantes permitiendo alcanzar un detalle en la transparencia de las muestras botánicas. Angélica Quispe, quien entre sus trabajos presentó un hermoso cianotipo llamado Florecer, empleó papel cebolla en la sesión final, reconociendo una sola cuestión no planificada: el secado en este tipo de papel, que idealmente precisaría de papel absorbente para obtener un secado más pulcro.

Algunas personas como Vanessa Flores, Natalia Fernández o Karem Mendoza, desarrollaron sus propuestas de cianotipos en formato fanzine. Mario Vargas empleó un formato de libro, a partir de un cuaderno que costuró y contenía los cianotipos en papel y forró sus tapas con un cianotipo textil. Vanessa Flores, construyó un fanzine que constaba de diferentes tamaños de papel, posibilitando que el cianotipo de mayor tamaño y el de menor tamaño se complementen al mirarse juntos. De esta manera, destacaron la importancia del formato en la composición de los cianotipos, incluso antes del emulsionado y exposición.

Esta cartografía botánica en construcción, es consecuencia del trabajo de un grupo de personas dispuestas a experimentar, equivocarse, compartir los aprendizajes, trabajar con el cuerpo y reflexionar críticamente sobre imágenes del paisaje paceño.

Les presentamos entonces, algunos de los cianotipos desarrollados en el Laboratorio sobre el Valle de La Paz, mirado en clave botánica para su desarga libre >>>>Hacia una cartografía botánica en la ciudad de La Paz


Bibliografía
Mastnak, Tomaz; Elyachar, Julia; Boellstorff, Tom (2014). Botanical decolonization: rethinking native plants.
Osorio, Donovan (2019). Arbolado fotográfico de la ciudad de La Paz. Identificación y descripción de especies arborescentes basadas en funciones ecológicas, servicios ambientales, usos y valores. La Paz: UTB.
Pratt, Mary Louise (2010). Ojos Imperiales Literatura de viajes y transculturación. México: Fondo de Cultura Económica
Ribera Arismendi, Marco Octavio (2023). Historia ambiental, transformaciones del paisaje y uso de la tierra en el Valle de La Paz hace 10.000 años y hoy. La Paz, Bolivia
Rodriguez, D.L. (2008). Valor ecológico, ornamental y de uso tradicional de las especies nativas de la ciudad de La Paz. La Paz: UMSA IIIP

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