¿El futuro con quiénes?
Cultura y Ciudadanía
Jiwasa
23 de agosto de 2025
¿El futuro con quiénes?: Un laboratorio para decidir qué seres no–humanos acompañarán JIWASA 2025
Por joan villanueva
Cada año, entre junio y octubre, una capa de humo envuelve La Paz. Algunas épocas del año la capa es sutil, otras veces esta capa oculta incluso al Illimani, transformándolo en un espectro. El humo viaja desde la Amazonía, la Chiquitanía y el Chaco, donde la deforestación quema ecosistemas enteros. El sistema-mundo, hecho de ideas y acciones que convierten la vida en mercancía, expande como el humo su rastro de muerte sobre instituciones, discursos y cuerpos. Esa capa es, a la vez, la muestra más tangible de nuestra crisis civilizatoria: el colapso simultáneo de todos los pilares de lo que llamamos humanidad.
El humo bloquea la visión. Frente a la catástrofe, surgen dos respuestas —ambas antropocéntricas: podemos elegir entre la fe en la salvación mediante la tecnología humana o pensar que la humanidad será causante de la destrucción total del planeta. En ambas, la humanidad es la única protagonista, ya sea como heroína o como verduga. Entre los dos caminos que apenas se pueden ver en medio del humo, hay una tercera posibilidad y es la de preguntarnos: ¿y si la humanidad no está sola?
El laboratorio JIWASA, impulsado por el Centro Cultural España, propuso un ejercicio radical para sus asistentes: atender a los enredos relacionales que se sostienen en la ciudad de La Paz. Lo hizo con hilos que tejían el tercer camino:
¿De qué hablamos cuando hablamos de los seres no–humanos?
¿Hablamos de o hablamos con los seres no–humanos?
¿Cómo sería hablar con los seres no–humanos?
¿Qué implicaría escucharlos?
¿Qué implicaría dejarnos enseñar por ellos?
¿Cómo estamos habitando la ciudad junto a estos seres?
¿Cómo habitaremos en el futuro la ciudad junto a estos seres?
Estos hilos cometen un pequeño atentado a los tejidos cimentales del antropocentrismo de los espacios culturales. Estas preguntas mueven el piso. Dan vértigo. Para muchas personas, esto puede crear confusión, miedo o ansiedad. Para otras, en cambio, estas preguntas abren un camino luminoso, inauguran un destejer en la forma de hacer y mirar, promueven un reajuste de la atención.
Día 1. El akhulli
Antes de que la palabra humana tejiera su red, las manos se abrieron paso para introducir en un vaso hojas de coca con la intención de pedir permiso antes de comenzar el laboratorio. Pedir permiso fue el primer paso hacia la construcción de un laboratorio diferente: no éramos los asistentes humanos quienes hacíamos el laboratorio, sino los seres no–humanos como la casa, la ciudad y el territorio quienes nos permitirían hacer el laboratorio.
Después de pedir permiso, la palabra humana tejió su red: los asistentes llegaron cargados de objetos-memoria con la que tenían una o más historias. Entre estos objetos escuchamos la relación de alguna asistente con una montaña y de otra con un gato no vidente. Se revelaron los tejidos que las personas tenían con plantas, aprendizajes con minerales y memorias compartidas con animales, desde lo íntimo y cotidiano. Una participante descubrió, conmovida, su relación con el Lago Titicaca: "iba a preguntarle cosas porque mi abuela lo hacía". El primer día se desgarró el binario yo-naturaleza y las personas asistentes descubrieron que somos parte del tejido del mundo.
Día 2. Los otros seres
—¿Cómo podemos elegir las entidades con las que trabajaremos este año? —nos preguntanos.
En la plenaria, cada ser no–humano se presentaba como un pequeño hilo que iba atrayendo consigo un enredo más grande con otros seres. El Choqueyapu, por ejemplo, llegó como el río que está oculto en la ciudad, pero que la atraviesa literalmente. Las paredes del Centro Cultural España de La Paz son testigo de eso: su presencia deja una huella de humedad en ellas. Los vegetales que comen muchos habitantes de la ciudad también son criados por estas aguas. Los automóviles que circulan por la ciudad siguen las corrientes del río.
Gracias a jalar un hilo de los enredos relacionales, poco a poco se reconocieron cuatro seres no–humanos con los que trabajar en JIWASA: presencia muerte–vida (tiempo de octubre y noviembre), el Illimani (montaña de abundancia y guardiana), los ríos (cuerpos de agua) y la plantidad (las maestras silenciosas). La elección fue también un reconocimiento político, pues nadie ya podía verlos como recursos o paisaje.
Día 3. Tejiendo con los enredos relacionales
Cuatro fueron las marañas relacionales que quedaron después de jalar y tejer hilos en el laboratorio JIWASA:
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Presencia muerte–vida:
Como la lluvia, la muerte es un hilo que aparece y desaparece en los tejidos de la vida. Muerte–vida es un ser que transforma el territorio ocupado por la ciudad de La Paz. Como la lluvia, la muerte–vida es un tiempo poroso que reclama atención a los ciclos terrenales y a los cósmicos de siembra y cosecha.
Las preguntas que surcaron el terreno en el laboratorio fueron las siguientes: ¿será que durante este tiempo sucede algo que no depende de las creencias humanas para ocurrir? ¿Cuál es nuestra relación con la muerte y, por tanto, cuál es nuestra relación con la vida? ¿Cómo es que hemos relacionado la muerte con la vida, porque este tiempo se da justo cuando llega la primavera? ¿Qué relación tiene el alimento con la vida y la muerte? ¿Son los ciclos de la vida y la muerte todavía sagrados para los seres humanos?
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Illimani
Bastó pronunciar su nombre —Illimani— para que este ser no–humano se impusiera por sobre otros temas relacionados como montañas o wak’as. Y cuando se impuso, como se impone sobre la ciudad de La Paz, nadie se atrevió a interrumpir su hilo. Tampoco nadie se atrevió a llamarlo “paisaje”, sino que se impuso con las palabras “presencia”, “abundancia” y “respeto”.
Bastó con jalar del hilo para reconocer que la relación entre los humanos y este ser no-humano es profundamente compleja. Por un lado, nos alimentamos de su agua, que riega los cultivos y da vida a los valles. Bebemos de su generosidad sin pensarlo. Por otro lado, la minería ilegal lo está perforando y explotando, debido a que su abundancia pareciera infinita por ser tan grande. A la vez, las expresiones culturales y artísticas de la ciudad se inclinan con reverencia hacia el Illimani.
Las preguntas que nacieron de esta compleja relación fueron las siguientes: ¿hasta dónde podemos vivir de la abundancia de un ser no–humano? ¿Cómo habitar una ciudad que vive a los pies de una montaña sagrada? ¿Qué nueva relación podríamos tender con el Illimani, desde el respeto, la escucha y la reciprocidad —no solo desde la extracción?
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Choqueyapu
El hilo que trajo al Choqueyapu no fue un hilo, sino muchos. Porque por la ciudad de La Paz fluyen 364 ríos. Por el tejido de la ciudad, las aguas de estos ríos corren, fluyen, se retiran y vuelven. Sin embargo, estas aguas no siempre pueden verse a simple vista: la mayoría están embovedadas. Pero los hilos estaban ahí y tejieron una maqueta en la que se encarnaron los cientos de afluentes del río Choqueyapu: cuerpos de agua que traen vida, pero también enfermedades y contaminación.
Las preguntas que los hilos de los ríos arrastraron al laboratorio fueron las siguientes: ¿cuáles son los caminos del agua? ¿Por qué insistimos en domesticarlos? ¿Por qué hemos embovedado gran parte de los ríos que pasan por la ciudad de La Paz? ¿Cómo podemos reconocer la memoria de estos ríos sin someterlos a nuestros deseos? ¿Qué nos dice la memoria del agua los humanos que habitamos La Paz?
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Plantidad
El hilo que trajo la plantidad al laboratorio recolectó a este ser no–humano en forma de ajenjo, artemisa, coca, ruda y retama. Las plantas, reconocidas como maestras silenciosas, nos enseñan cómo se adaptan sus hojas, sus raíces y su ritmo al entorno. Nos enseñan cómo la vida no se impone sobre el mundo, sino que lo habita.
Las preguntas criadas en el taller por la plantidad fueron las siguientes: ¿cuánto silencio necesitamos para escuchar lo que una planta tiene para decirnos? ¿Qué podríamos aprender si en lugar de producir sin pausa, nos criáramos mutuamente con las plantidades? ¿Cómo se sembraría si se pensara más en la crianza mutua que en el rendimiento?
El laboratorio JIWASA desgarró los tejidos de nuestra humanidad gracias a una certeza: nada ni nadie existe solo. Quienes asistieron se deslizaron como hebras sueltas en enredos mayores. Pero el ejercicio de escucha radical apenas comienza, pues a este laboratorio le seguirán otros cuatro nacidos de los enredos relacionales con cada uno de los seres no–humanos reconocidos en el laboratorio. Mientras el sutil humo que llega a La Paz nos arroja a elegir entre el heroísmo humano o la catástrofe también humana, se reconocerán otros tejidos, unos que propondrán habitar la ciudad de La Paz desde el vínculo y no desde el embovedado.
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joan villanueva
Es escritora. Ha publicado los libros la trama artificial (Premio Letras e imágenes del nuevo tiempo, 2022), calzar la sombra (premio Franz Tamayo, 2023), y los pódcasts Lesbotopia: política sáfica especulativa y Poesía posthumana de Spotify. Colabora con diversas músicas y artistas sonoras. Actualmente cursa la maestría en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York.
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